Opiniones| martes, 12 de mayo de 2020

Educación virtual en tiempos de COVID-19. Barreras de accesibilidad y desigualdades sociales

En el marco de la propagación de la pandemia actual y su consecuente impacto, en tanto escenario político y social, dicha cuestión nos convoca a uno de los grandes desafíos en relación a cómo problematizar el proceso educativo, como tarea de varios actores de la sociedad, y su vinculación con las estrategias que se dará el propio Estado en términos de políticas públicas para atender las desigualdades sociales, en torno a las barreras de accesibilidad que se plantean.


por Keila Martínez y María Javiera Maestri

La problemática actual que ha traído aparejada la pandemia del COVID-19, nos ha llevado a repensar y modificar muchos de nuestros hábitos y prácticas cotidianas. Por tal motivo, se plantean una serie de interrogantes y cuestionamientos, en torno a cómo sostener y promover el desarrollo de la acción y práctica educativa, en dicho contexto.

La cuarentena obligatoria plantea un escenario totalmente desconocido, es por ello que se presenta un gran desafío en poder pensar la coyuntura actual y todo lo que ello trae aparejado. Desigualdades que afloran, incertidumbres que no encuentran certezas, caminos desolados, escuelas y universidades cerradas. Esta pandemia sin precedentes abarca muchos (o todos) los aspectos de la vida cotidiana sin dejar por fuera ningún sector de la sociedad.

En este sentido, el estar aislados o distanciados físicamente, nos ha llevado a un cambio en las formas de conexión con el resto; la virtualidad que el tiempo impuso nos tiene más conectados que nunca, hablando constantemente con ese profesor/a, maestro/a, amigos/as y familiares en general. Hemos construido al momento, estrategias en red que nos posibilitan seguir en conexión con nuestro cotidiano, pero en este devenir un gran sector o parte de la sociedad ha quedado por fuera, ya que la imposibilidad de acceso a determinados recursos, conducen a un incremento de las desigualdades, en tanto el escaso o nulo acceso a las redes de conectividad. Precisamente esta cuestión nos lleva a problematizar en torno a las barreras de accesibilidad que se plantean en el sistema educativo, en torno a esta nueva modalidad virtual, que nos impone esta coyuntura actual.  Ahora bien ¿a qué nos referimos cuando hablamos de barreras de accesibilidad?, en nuestro recorrido universitario y las correspondientes prácticas pre-profesionales que hemos llevado adelante, pudimos dar cuenta por ejemplo, de la imposibilidad de acceder a través de un transporte público a diferentes escuelas del Gran La Plata. Entonces ¿qué nos haría pensar en los pibes y las pibas que asisten a esas escuelas tengan acceso a internet para tener sus clases virtuales? aquí podemos notar una barrera de accesibilidad que comprende el Derecho a la educación.

Es en este sentido, surge la necesidad de pensar las distintas alternativas o iniciativas que permitan sostener y fortalecer estas dinámicas o formas de intercambio, de enseñanza y aprendizaje.

Está pandemia da cuenta de un cambio en nuestra forma de vida, nuestros hábitos y maneras de vincularnos, lo cual nos lleva a repensar nuestras prácticas cotidianas.

En tal contexto resulta de suma importancia poder sostener el proceso educativo promoviendo distintas formas en tanto estrategias, alternativas o herramientas que permitan la integración e inclusión de todos.

La pandemia ha generado una serie de transformaciones, que han tenido y tienen un impacto cultural, social, económico y material, que pone de manifiesto la cuestión social, donde se agudizan aún más las desigualdades sociales.

Por tal motivo pensar el rol que ha adquirido el Estado, en tanto estrategias es otro de los desafíos a los que nos enfrentamos. Sostenemos que más allá del contexto siempre hay que tener una mirada histórica de la realidad complejizando a la misma, es decir, lo que hoy atravesamos mundialmente no podemos alejarlo de los procesos históricos en general.

Si bien como sostenemos más arriba el COVID-19 no tiene precedentes, consideramos que las desigualdades sociales se agudizan, ante los efectos de una pandemia que nos acecha. Precisamente, y debido al impacto y la magnitud que ha adquirido la propagación de este virus, es que nos interesa centrar la mirada en tanto al rol que ha asumido el Estado ante esta adversa situación y las diversas estrategias que el mismo se da para atender las barreras de accesibilidad que tanto nos preocupan.

En este sentido, es que consideramos que el rol que adquiere el Estado, en tanto protector y regulador, es de suma importancia al momento de analizar y problematizar las estrategias que el mismo se da para llegar a los sectores más vulnerable frente al COVID-19.

Por tal motivo, y ante esta situación, es que se reactiva una política pública desplegada en el año 2010 como fue “conectar igualdad”, destinando computadoras a las escuelas.

En este marco, se pone de manifiesto cómo el estado a través de una política pública intenta paliar una barrera de accesibilidad, para dar lugar a la inclusión e integración en el plano educativo, donde cada pibe y piba de los barrios tengan sus computadoras como herramienta para estudiar. Esto se plantea como un derecho “atendido”, pero dichos pibes y pibas siguen sin la conectividad a una red de internet que por consecuencia les permitirá el uso de la herramienta. Por lo tanto, esto deviene en la propia manifestación o expresión de dicha desigualdad, ya que toda política de corte universal que se intente promover en este contexto de pandemia, no va a lograr el alcance que se propone en términos de garantizar los derechos de accesibilidad para todos. Aquí reside el gran desafío, de cómo promover y sostener una práctica educativa, desde la inclusión y la integración, en tiempos de pandemia.

Ilustración: Wissily Kandinsky.

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