La pandemia entre l*s jóvenes de los barrios

El COVID-19 desnuda el vínculo que cada un* tiene con el mundo de l*s otr*s. Qué ocurrió estos últimos años con esos otr*s con los que trabajamos, y entre ell*s l*s jóvenes de los barrios, a quiénes con frecuencia se l*s estigmatiza y subestima. Qué lugar han tenido las organizaciones sociales, los feminismos, las experiencias artísticas, los colectivos que resistieron y aglutinaron formas solidarias -aunque precarias-, pero de contención del sufrimiento; a diferencia del descrédito en la política y en l*s que la ejercen. La pandemia implica posicionamientos, escucha, implica activar formas más o menos inéditas de encuentro, revelar situaciones, pensar junt*s.  

El COVID-19 vino a generar una interrupción de la experiencia tal como la conocemos. Vino a postergar el afuera, los encuentros en plazas, la esquina, la calle, la canchita. Si lo miramos desde un punto: la vida entera está alterada. Ya no está la changa del trapito, el cuidado-lavado del auto en las zonas de los bares y el centro. La escuela, el taller, el campo de deportes. Todo ha sido interrumpido. El reacomode a vivir un tiempo interrumpido nos fragiliza. No nos dice cómo continuará cada historia una vez reanudada la vida corriente. Notamos que la pregnancia de un clima apocalíptico o el cansancio y el hastío entre los jóvenes de la última semana,(y se verá cómo sigue a medida que avancen los días) contrapuntea con la comprensión que much*s tienen de lo que nos está ocurriendo. Esa comprensión no es sólo por la influencia de las coordenadas claras de las autoridades sanitarias, y su variedad de líneas de acción a nivel nacional en diversos territorios, sino por una multiplicidad de razones: lazos especiales que se tienen con docentes o referentes de organizaciones sociales, redes solidarias en cuestiones de emergencia, “aquello que supimos construir”, aquello que se pronuncia en estas situaciones dónde todo se pone a prueba. El “nadie se salva solo” y la “vacuna somos tod*s” habita el interior de cada colectivo y esos colectivos son los que adviertenlas materias pendientes como las verdaderas deudas.Sin idealización y sin querer simplificar la gama de problemas complejos -que desde luego habitan las realidades de l*s jóvenes de los barrios enumero imágenes:

– Una joven y otro, y otra en un barrio de Villa Elvira en La Plata hacen moldes, cortan y cosen telas. Fueron motivados por educador*s de un taller textil ([1]) y realizan barbijos en sus casas; saben lo que significa el trabajo, disputar recursos y ponerlos en función de una experiencia común, mapear y preguntar quién falta, animarse a encontrar una palabra;

– Otra joven enel pequeño departamento de dos ambientes en el que vivese topa con una caja, mira cada objeto de esa caja como si fuera un tesoro. Piensa que los tesoros son asuntos del recuerdo y lo intangible. Eso compartido alguna vez. Eso que alguien puso en sus manos en señal de amor,

– Una más cuenta: “Con las tareas de la escuela voy bien, no nos dan tanto, en la tele escucho que dicen que dan mucho algún*s profes, pero no es así, en mi caso no es así, hay que decirlo”, además trabajan que da calambre;

– Otro joven mueve una garrafa desde una camioneta hasta el comedor en el que otra cantidad de mujeres jóvenes se ven cortando carnes para un guiso. No hay novedad en la escena, ya lo venían realizando y veían cómo se había incrementado el número de quiénes asistían al comedor;

– Otro joven escribe una carta a su novia. La conoció recientemente en la escuela. Es la primera vez que escribe una cartay sabe que haciéndolo sacará de su cuerpo algo así como la pena;

– Otra joven con una hija dice: “Llevándola como se puede, hay veces que estamos bien y días que estamos para atrás”, “Haciendo todo lo posible por quedarnos en casa” “Personalmente no me parece tan grave o más grave a otras cosas que ocurren, como femicidios, dengue, desnutrición” “No me genera pánico, al contrario”; En cuánto al estudio es hiper complicado estudiar por internet -através de un teléfono- queaveces tiene crédito y aveces, no”.

– Uno más: “veo en el celu un poco de animé y estoy con una historia que esta vez sí pienso terminar”.

– Otro joven ensaya una receta de pan con la mercadería que ha recibido. Luego comparte una foto de cómo le ha quedado el pan. Un pequeño logro doméstico. Su primer pan. Siente que eso además puede colaborar con otras cosas.

– Uno más refiere: mayormente no hago nada, quiero, pero mucho no sale. Por lo pronto trato de no mandarme cagadas.

– Otro: “Creo que a la gente le cuesta cambiar sus hábitos, por más que haya un virus que mata y siento que eso tiene que ver con no darle la dimensión que tiene”.

– Una joven desmaleza un jardín delantero que tiene en su casa. Hace tiempo que eso no ocurría. Encuentra una lombriz enorme, su hermana se asusta, pero ella siente que la lombriz está diciendo algo ligado a la vida natural. A la importancia de la diversidad y la vida natural.  Siente que esa lombriz tiene que existir. Piensa en los desastres perpetrad*s a nivel planetario, cómo la pandemia viene a mostrarnos tantas cosas.

[1] Jóvenes del proyecto Casa Joven de la Obra del Padre Cajade.

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    Lila S. 9 mayo, 2020

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