El desafío de pensar el Trabajo Social en los territorios en tiempos de pandemia y virtualidad

La expansión de la pandemia COVID-19 abre cuestionamientos que implican que pensemos qué pasa con el trabajo social hoy, entendiendo que la profesión se encuentra en constante vinculación con los otros y el territorio.

En el contexto actual nos encontramos enfrentando una pandemia sin precedentes, que no solo se puede pensar desde lo médico-sanitario, sino que además debe ser pensada desde lo social en relación con aspectos económicos y psicológicos.

Ahora bien, las condiciones en este contexto hacen que tengamos que desplazarnos del lugar en el que opera en el cotidiano el trabajo social: el territorio. Con esto nos referimos a que una de las grandes particularidades con las que cuenta dicha disciplina – y que hace que se diferencie de otras- tiene que ver con la presencia “corporal” de los profesionales en el territorio. Es decir, en el territorio se está, se construye desde ahí colectivamente, se camina, se conoce.

Sin embargo, las condiciones previas a esta pandemia eran otras, donde el vínculo era primordialmente personal; hoy en cambio es necesario pensar un trabajo social que desde la virtualidad pueda mantener el vínculo entre los territorios y la disciplina.  En este sentido nos interesa compartir dos experiencias que permiten visualizar las nuevas estrategias que se despliegan, sin desconocer que estas mismas, si bien posibilitan el acompañamiento, también ocasionan limitaciones.

En cuanto a la primera, es una experiencia que se lleva a cabo desde un proyecto de extensión de la FTS en donde se promueve el acompañamiento de las vejeces en los territorios. En este sentido, ante la imposibilidad de poder acercarnos a los mismos, es que se crea una página en la red social Facebook en donde no solo se presenta el proyecto, sino que además se abre un espacio de discusiones y aportes para que recíprocamente nos acompañemos en este aislamiento obligatorio. Esta estrategia llevada adelante, propone la realización de actividades que luego puedan ser socializadas en los territorios una vez apaciguado este contexto.

La segunda experiencia proviene del “Teatro del Galpón” en donde se desarrollan actividades de teatro y apoyo escolar en el marco de la Ley de protección y promoción de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Si bien esta organización en la actualidad se encuentra limitada por la suspensión de actividades, diferentes referentes de la organización siguen manteniendo el acompañamiento a las familias. Este mismo se genera no solo a través de la distribución de alimentos que llegan a la organización, permitiendo que el lazo ya construido no se diluya, sino también por medio de las redes sociales.

De esta manera si bien reconocemos que a partir de estas estrategias se abre la posibilidad de seguir en esos territorios trabajando, no se puede desconocer que en términos generales esto produce limitaciones, en tanto se atienden de manera emergente las demandas sin tener un margen de problematización de las mismas. Asimismo, limitaciones en cuanto al acceso de ambas poblaciones mencionadas a las diferentes tecnologías y formas de comunicación.

Entonces, sería más conveniente ya no hablar de trabajo social en la virtualidad sino desde la misma, cómo se construye desde ahí y cómo se resignifican las herramientas utilizadas para la intervención.

Cuando pensamos esto volvemos a remitirnos al territorio ya que por excelencia solemos utilizar las entrevistas para conocer, para intervenir. Ahora, esta herramienta, que muchas veces nos permitía el primer contacto con referentes, queda relegada a la posibilidad de la accesibilidad que tenga el otro para poder conectarnos. Resignificar esta herramienta no es una discusión que se agote en estas simples líneas, será tema para cuando todo esto pase. Pero mientras tanto, no se puede dejar de mencionar que nuestro cotidiano en territorios nos permite desde hace tiempo pensar y discutir constantemente sobre la necesidad de fortalecer a quienes consideramos referentes de los mismos. Hoy esa discusión sale a flote por todos lados, porque ya el trabajo social no se está pudiendo hacer presente en tanto disciplina para colaborar en ese fortalecimiento.

Entonces ¿cómo hacerlo si también traemos aparejado la imposibilidad de acceso a diversas modalidades de conexión?  Esto nos devuelve un montón de preguntas y respuestas que nos hacen cuestionarnos no solo con quiénes trabajamos sino cómo lo hacemos y porqué.

En relación con quiénes trabajamos, de lo primero que aprendemos es hacer, en el transcurso no sólo de la carrera sino ya siendo profesionales, pero el cómo lo hacemos vuelve a resurgir en este contexto, sin esto tener que significar un retroceso en discusiones que ya se han dado al respecto. Creemos que es necesario pensar hoy el cómo llevar adelante esas intervenciones sin que implique dejar de lado el con quiénes trabajamos.  De esta manera aquello que se venía construyendo colectivamente hoy se piensa desde lo singular, pudiendo entrelazar lo macrosocial con lo microsocial.

El territorio es nuestro campo de intervención y hablamos de territorio en tanto lugar donde se construyen subjetividades de quienes habitan dicho espacio. En este sentido como profesionales participamos en esa producción de subjetividad y a su vez construimos nuestra propia legitimidad para que ese campo de intervención nos permita ir delineando nuestras intervenciones y ampliando las mismas. Sin embargo, el panorama actual no nos permite un contacto directo con los que allí se encuentran, comprendiendo la importancia y el valor que le damos a las palabras en primera persona.

Por lo tanto, será cuestión de nuestro trabajo poder recuperar estas particularidades de los territorios porque el contexto nos empuja a que así sea. Esto a nuestro criterio nos hace preguntarnos qué pasará con la legitimidad que ya habíamos construido en los diversos lugares por los que pasamos, sobre todos aquellos que no son instituciones, sino que son barrios o localidades específicas.

Ilustración: George Grosz

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