Opiniones| Viernes, 14 de septiembre de 2018

Rompecabezas en construcción

Todos los 16 de septiembre el teléfono suena. Muchos llaman para saludar, para conmemorar juntos aquella noche de horror. Otros proponen entrevistas para que hable de cómo fue aquella cuando me fueron a buscar a mi casa, las noches que siguieron mientras estaba detenida y todas las noches del resto de mi vida en las que tuve que convivir con la atrocidad de los crímenes de la dictadura en carne propia. En este caso, la Facultad de Trabajo Social me invitó a que escriba unas palabras a modo de ejercicio de reflexión. Porque parte de lo que nos falta hacer como sociedad es poder pensarlo en base a las memorias que se despliegan en tantos relatos, como parte de las piezas de un rompecabezas que seguimos armando hoy.


por Emilce Moler

Fechas, recuerdos, construcciones

Llevamos 35 años de una democracia que, a pesar de muchos obstáculos, fue fortaleciéndose. Mucho de lo que pudimos andar fue en parte gracias al compromiso y la lucha de los ex detenidos, quienes, junto a todos los militantes de derechos humanos y ciudadanos comprometidos, decidimos hablar desde los primeros momentos. Salir a contar lo que nos pasó, además de remover historias muy dolorosas para muchos, nos liberó de ese lugar donde los mismos represores habían decidido ponernos: en la clandestinidad, en la ilegalidad, allí donde nada parecía verdadero.

En lo personal, durante todos estos años he compartido cientos de charlas, entrevistas y encuentros con jóvenes, que me han ayudado a comprender las demandas de cada momento, así como también los diferentes obstáculos a vencer.

Estas conquistas no han sido fáciles, fueron tiempos de lucha en soledad, de encontrarnos con gran parte de una sociedad que no quería escuchar lo que teníamos para decir. Sin embargo, con el gran impulso de las políticas implementadas a partir del 2003, fuimos venciendo de a poco el silencio y el miedo que ellos implantaron como herramienta fundamental para la instauración de un modelo socio-económico excluyente, apelando al adormecimiento de una sociedad y eliminando los canales de participación política en un Estado democrático.

Y hoy, a casi 3 años de este un nuevo gobierno, nos encontramos viviendo zozobras del devenir de estas luchas. Este escenario nos interpela a repensar nuevos escenarios y trascender las conmemoraciones de las efemérides.

En lo personal, durante todos estos años he compartido cientos de charlas, entrevistas y encuentros con jóvenes, que me han ayudado a comprender las demandas de cada momento, así como también los diferentes obstáculos a vencer.

Un nuevo momento y una nueva oportunidad se nos presentó a partir del 2003 cuando el Estado, por primera vez, empezó a acompañarnos en nuestros reclamos. Nos dio la oportunidad de interpretar de otro modo la década del 70, que había sido reducida al horror de la dictadura, a cadáveres y desaparecidos. Permitió que salgan a la luz historias y proyectos políticos de aquellos años que habían estado invisibilizados. El concepto de militancia adquirió otra magnitud, y, para muchos jóvenes, una oportunidad de abrazar la política como herramienta de trasformación de la realidad.

Nuevas realidades, nuevas construcciones

Y es en este punto donde volvemos a actualizar los cuestionamientos sobre cómo seguir para afianzar lo alcanzado y que no se convierta en un punto ciego.

Durante los últimos doce años se abordaron en forma permanente estas temáticas, tanto en las conceptualizaciones sobre la memoria, como en las tensiones en que se inscriben y los conflictos que generan.

Debemos tender puentes con las distintas generaciones y entender el pasado a la luz del presente. Comprender la dimensión real del proyecto económico y político que tenía la dictadura, en alianza con los sectores concentrados de poder, es clave para entender estos momentos del país.

Si era una tarea compleja sostener estos relatos con un gobierno que lo propiciaba, la tarea que tenemos por delante con un gobierno que, sin decirlo, deshace todo lo hecho, es aún más compleja. En estos tres años se desfinanciaron programas educativos, de difusión, proyectos y políticas de pedagogía de la memoria, programas de inclusión educativa, de acciones vinculadas a los juicios por lesa humanidad. Hay sentencias que permiten que los genocidas vuelvan a sus casas, cada vez más voces de “justicia por mano propia” construyendo esto como el sentido común… múltiples retrocesos históricos.

Las voces para los nuevos escenarios

Debemos tender puentes con las distintas generaciones y entender el pasado a la luz del presente. Comprender la dimensión real del proyecto económico y político que tenía la dictadura, en alianza con los sectores concentrados de poder, es clave para entender estos momentos del país.

Hoy con este gobierno, estas libertades están en peligro y hay que defenderlas. Pero 42 años de lucha junto a las Madres, Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares nos enseñaron a resistir y a no olvidar. Hoy más que nunca debemos redoblar nuestros esfuerzos militantes para gritar entre todos: Nunca Más.

Hoy los jóvenes se hacen presentes en las calles, en marchas, entre banderas, con sus nuevas reivindicaciones, con la fuerza de las mujeres, por el aborto legal y en contra del patriarcado. Se apropian de la historia reciente, protagonistas de su época, marcan agendas, actividades, valores. Hoy disfrutan, quizás sin saberlo, de ser jóvenes en democracia, gozan de no ser perseguidos políticos, subversivos, presos.

Hoy con este gobierno, estas libertades están en peligro y hay que defenderlas. Pero 42 años de lucha junto a las Madres, Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares nos enseñaron a resistir y a no olvidar. Hoy más que nunca debemos redoblar nuestros esfuerzos militantes para gritar entre todos: Nunca Más.

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