Opiniones| martes, 28 de marzo de 2017

El sujeto de derecho y la memoria en épocas de embestida neoliberal

Son tiempos para convocarnos a mantener viva la Memoria haciendo que la historia no se repita; para dar lugar a la Verdad que dignifica la condición humana e impulsar la Justicia, dado que es la única posibilidad de una verdadera reparación. Una nueva reflexión en el marco de la XXIII Semana de la Memoria de la FTS-UNLP.


por Marina Vega

Hace 41 años la Argentina estuvo signada por una feroz dictadura cívico-militar que allanó el camino de los años venideros para la implementación del neoliberalismo económico. Se instituyó la catástrofe y la debacle social a la luz de la noción de “la inexistencia del Estado”, primando las prácticas de exclusión y expulsión propias de una lógica de mercado.

Sobrevino el año 2003 en nuestro país con una reconstrucción de la política que vuelve a resituar el lugar del Estado como garante simbólico. Y el significante inclusión surge como practica de una política pública que planifica un “para todos y todas”. Una característica crucial fue la transversalidad de su práctica política en la concepción del otro como sujeto de derecho, como potencial portador de un derecho que es propio e inherente a su condición humana. Al decir de García Linera, esta década virtuosa en inclusión y distribución de derechos, estuvo dada por: a) en el terreno político, un ascenso social y fuerzas populares que asumen el control del poder del Estado; b) en lo social, redistribución de la riqueza; c) en lo económico, se puse énfasis en el lugar del Estado en contraposición a la lógica de los grandes capitales transnacionales y el mercado.

La fórmula Cambiemos está parada sobre políticas negacionistas de la verdad histórica que no hacen más que la burda intentona de legitimar una vuelta a la impunidad y el retorno a la teoría de los dos demonios

Sin embargo, hoy asistimos a un momento de inflexión histórica, que marca un retroceso en materia de conquistas de derechos y de inclusión social. Deja al desnudo una política que va a contramano de propiciar contextos de amparo social y subjetivo. Asistimos a una vuelta del modelo neoliberal con una marca característica de estos tiempos que se imponen. Se van moldeando subjetividades con un carácter empresarial y competitivo, propia de la necesidad y requerimiento de los CEOS. Así el nuevo anclaje subjetivo está puesto en el propio esfuerzo de lograr sentido en la “meritrocracia”, el sujeto es ubicado como el único “culpable” de sus logros y sus desdichas.

Los derechos humanos son parte de esa disputa de sentido que impone cotidianamente la gestión en manos de la fórmula Cambiemos. Durante la campaña electoral y luego en estos quince meses de gobierno han generado dos líneas de pensamiento: a) “Los derechos humanos fueron un negocio” y b) el kirchenerismo generó la intromisión de “la política sobre los derechos humanos”. Estas dos consignas cargadas de un efecto denigratorio son parte de un dispositivo que les posibilita poner en discusión lo construido en años anteriores sobre la conquista en materia de derechos humanos. Es un intento permanente de ponernos en cuestión sobre el sentido del terrorismo de Estado  y de sus implicancias. A tal punto, que llegan al extremo de poner en duda no solo el número de desaparecidxs, sino también la identidad de lxs nietxs recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo, atravesando una infinidad de actos repudiables de la misma índole. Están parados sobre políticas negacionistas de la verdad histórica que no hacen más que la burda intentona de legitimar una vuelta a la impunidad y, por lo tanto, el retorno a la teoría de los dos demonios. Se quiere desandar un significado colectivo construido por la suma del trabajo realizado durante años por los organismos de derechos humanos y la posterior decisión de un gobierno que asumió la responsabilidad de incluirlos como parte de una política de Estado.

La detención arbitraria de Milagro Sala y la persecución judicial y mediática a Cristina Fernández de Kirchner son el correlato de ese entramado de violencia real que imponen desde el poder para combatir la concepción de un Estado inclusivo y contenedor de derechos

La política negacionista de Cambiemos está pergeñando redefinir en términos históricos el pasado reciente, apunta a la dilución de responsabilidades / complicidades; a negar y tergiversar los acontecimientos del horror del pasado para redimensionarlos a la luz de prácticas políticas actuales, ligadas al autoritarismo y la construcción de la “maldita herencia” como arte legitimador de las mismas. La detención arbitraria de Milagro Sala y la persecución judicial y mediática a Cristina Fernández de Kirchner son el correlato de ese entramado de violencia real que imponen desde el poder para combatir la concepción de un Estado inclusivo y contenedor de derechos. Existe una real convicción de apelar al borramiento del sujeto de la experiencia, de negar la identidad forjada desde el reconocimiento del lugar de “víctima” del terrorismo de Estado, de minimizar el efecto subjetivo y social del cumplimiento de las condenas en prisión efectivas de los perpetradores, entre muchas otras. En síntesis, una decisión política de barajar y dar de nuevo en la construcción de una mirada sobre el pasado reciente que atraviesa la actualidad redefiniendo al “otro de la política” como sujeto sin historia, sin identidad, sin definición política, moldeable según necesidades del mercado.

“Son 30 Mil”: este es el punto de fuga de aquello que no puede ser ordenado por la política conservadora y liberal; pero que constituye para el colectivo social un punto de resistencia a la embestida negacionista

Pero cada 24 de marzo se renueva el compromiso por la democracia. Días atrás, a 41 años, fue aún más contundente tanto por su masividad como por la definición de su contenido: “Son 30 Mil”. Este es el punto de fuga al poder de turno, de aquello que no puede ser ordenado por la política conservadora y liberal; pero que se constituye para el colectivo social como punto de resistencia a la embestida negacionista.

Fotógrafo / ilustrador: Gabriela B. Hernández

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