La esperanza del mundo está en Nuestra América

El momento que estamos viviendo de ofensiva reaccionaria lejos de ser la excepción ha sido la regla en la historia latinoamericana. Es la natural reacción de las clases dominantes liberal-conservadoras. La excepcionalidad histórica pasa por el lugar que ocupa América Latina en este inicio de siglo XXI.

El panorama global es desolador. Los pueblos del mundo no se recuperan aún de la caída de los socialismos reales y la instauración del pensamiento único en torno a las recetas neoliberales. Tres décadas de capitalismo globalizado dejan un mundo devastado. Los referentes institucionales y culturales del humanismo europeo están caducos. El sueño (norte) americano se revela hoy más que nunca como una pesadilla (las producciones futuristas de Hollywood dan cuenta de ese espíritu de época). Incluso regiones periféricas del mundo que supieron ofrecer perspectivas nuevas a la humanidad (la India de Ghandi, la Rusia de Lenin, la China de Mao Tse Tung, el Egipto de Nasser, el Vietnam de Ho Chi Minh, etc.) carecen en la actualidad de alternativas.

Un repaso por las distintas geografías da cuenta de resistencias puntuales -y no siempre progresivas- a la expansión del capital globalizado. Norteamérica y Europa Occidental se debaten entre la xenofobia y el neofascismo, y apenas balbucean algunos gestos de intransigencia (Bernie Sanders en los EEUU, Podemos en España, etc.). El África subsahariana está hundida en una crisis humanitaria sin precedentes provocada por la voracidad de los países centrales, y allí la disyuntiva es tratar de llegar a Europa ilegalmente o morir en el intento. El norte de África y el Medio Oriente, que supieron desplegar importantes luchas de liberación nacional en el siglo XX, hoy resisten los embates militares de la OTAN bajo formas de fundamentalismo religioso. En el Extremo Oriente y el Sudeste Asiático se viven como en ninguna parte del mundo las luces y las sombras del capitalismo globalizado: ciudades ultramodernas se dan la mano con la industrialización a gran escala en base a mano de obra barata (incluso en condiciones de semiesclavitud).

El panorama global es desolador. Sin embargo, la esperanza de la humanidad en los albores de este siglo XXI está en Nuestra América

En este oscuro escenario global destaca Nuestra América como faro de esperanzas. Los sectores progresistas del mundo entero miran hacia nuestras latitudes en busca de experiencias de resistencia, de referencias intelectuales y de alternativas políticas. En el primer plano, destacamos que los movimientos sociales más dinámicos del planeta en este siglo XXI pivotean sobre ejes ubicados en Latinoamérica. Desde el movimiento de mujeres y disidencias sexuales a la lucha por los derechos humanos, desde el movimiento estudiantil al campesino e indígena, entre otros. Incluso el debilitado movimiento obrero presenta sin embargo en algunos países como el nuestro niveles organizativos inéditos en relación a otras regiones de este mundo neoliberal. Y los sectores desplazados del empleo formal han sabido poner en pie poderosas organizaciones territoriales y de la economía popular.

En consonancia con esos movimientos de resistencia, en lo intelectual se despliegan posiciones de avanzada a nivel global. Debates en torno a derechos humanos y memoria, género, la cuestión ambiental, los derechos de tercera generación, alternativas de desarrollo antineoliberales (e incluso poscapitalistas), etc., tienen su epicentro en algún país de América Latina. Las corrientes teóricas críticas (marxistas, feministas, decoloniales, antiimperialistas, etc.) tienen en la universidad latinoamericana un espacio que no encuentran en sus homólogas de Europa o Estados Unidos. Y cuentan con la posibilidad de enriquecerse –aunque no se siempre lo hacen- en el diálogo con los movimientos populares más avanzados del mundo.

Por último, somos referencia también en la construcción de alternativas políticas. Desde la resistencia al neoliberalismo en los últimos veinte años vimos desplegarse un abanico de experiencias de gobierno. Nuevas representaciones y configuraciones políticas, inéditas formas de articulación entre movimientos sociales y Estado, novedosas estrategias de confrontación que articulan el poder popular y la participación institucional. Los gobiernos progresistas de la región, con sus matices, han sido los únicos capaces de levantar una voz en discordancia en el escenario internacional. El nuevo constitucionalismo latinoamericano (Bolivia, Ecuador, Venezuela) es probablemente el punto más avanzado en términos institucionales de este proceso político.

En este oscuro escenario global, los sectores progresistas del mundo entero miran hacia nuestras latitudes en busca de experiencias de resistencia, de referencias intelectuales y de alternativas políticas

Por todo lo dicho no es exagerado afirmar que la esperanza de la humanidad en los albores de este siglo XXI está en Nuestra América. Y lo afirmamos a sabiendas de los acontecimientos recientes. La actual contraofensiva neoliberal es una página más en la historia negra de nuestras clases dominantes liberal conservadoras. Su pensamiento político es elemental: cuando son gobierno ejecutan sus planes de concentración económica perdiendo rápidamente consenso social y cayendo en la represión; cuando no son gobierno se abocan a estrategias de desestabilización y desgaste de gobiernos progresistas hasta culminar, de ser necesario, en golpes de Estado. No hay novedad en esto.

Nuestra tarea es sacar las conclusiones necesarias sin perder de vista el lugar que ocupamos en este periodo, nuestra trayectoria de siglos y nuestras fortalezas y debilidades recientes. Sobre estas últimas, precisamente, se monta la actual contraofensiva reaccionaria. Dejo tres planteadas para el debate: el empobrecimiento intelectual producto del academicismo/cientificismo, la desconfianza en la potencialidad del poder popular y el institucionalismo extremo, y la falta de audacia para ejecutar las acciones con la radicalidad que sabemos imprescindible frente a enemigos de adentro y de afuera que no descansan.

Fotógrafo / ilustrador: Luxor

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    paula klachko 10 abril, 2017

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