Solo el amor convierte en Milagro el barro: crónicas de un país con más noches que buenas

El 24 de diciembre estuvimos con Milagro Sala. Fuimos a expresarle nuestra solidaridad, así como la intención de contribuir con la organización que lidera. Ayer, conocida la sentencia, reafirmamos nuestra decisión de fijar posición y estrechar lazos con quienes hoy asumen los mayores riesgos en la lucha colectiva.

Llegamos al penal a las 13:30 horas. Un sol que partía la tierra jujeña castigaba los rostros de familiares y amigos de las presas del penal de Alto Comedero.

En la puerta, haciendo cola, fuimos testigos del inventario de comidas y bebidas que los afectos más cercanos de las compañeras detenidas repasaban en voz alta, buscando asegurarse que todo estuviera tal como planearon, amorosamente.

Cruces de miradas de esas en las que huelgan las palabras y abundan historias de tableros inclinados

No hay alero ni refugio, no hay remanso para quien aguarda –a veces durante largas horas-, el ingreso al penal. Uno más entre tantos otros del país en los que seguramente, en este mismo instante, la escena se repite.

Cruces de miradas de esas en las que huelgan las palabras y abundan historias de tableros inclinados. Nervios, risas, indicaciones y diálogos de ocasión que tornan perceptible la trama, tienden puentes, abren el juego e invitan a transitar lo que viene en generosa comunión.

No obstante los 35º de temperatura ambiente, nos han informado que no podremos ingresar al Penal si llevamos bermuda, musculosa u ojotas. Fuimos testigos del llamado de atención a una de las visitantes, quien debió cambiarse por llevar pantalón corto. También le retiraron un par de remeras que traía para entregar a Milagro (sí, por supuesto, tenían imágenes claramente relacionadas con una identidad política contraria a la que impera en la gobernación jujeña).

Lo que siguió a la requisa, es difícil de escribir. Muy difícil. Puede inferirse lo que se desencadena en un encuentro entre gente que se ama incondicionalmente, en una fecha en la que todos y cada uno ellos, creyó que jamás sería ese el marco del abrazo. Son instantes en que toda la crueldad del tiempo histórico que vivimos se torna tangible y lacerante. Toma cuerpo la injusticia, atraviesa el pecho y lo sacude sin tregua. Las huestes del rey desnudo hacen tronar el escarmiento; dejarlo públicamente al descubierto se paga, es alto el precio.

Abrazamos a Milagro como quien la aferra a la vida, hundidos en su pelo azabache entrecano, cuidadosamente trenzado. Cobijamos nuestras tristezas entre susurros. Tratamos de explicarnos, con algo de torpeza; contar quiénes somos, a qué vinimos.

Minutos después, ella misma indicaba a cada quién dónde ubicarse, mientras deambulaba inquieta buscando lo necesario para no descuidar detalle y sacudirse un poco la crudeza del arranque. Hijas, nietos, parientes por adopción, referentes de su organización y nosotros, un poco menos extraños, todos fundidos en la misma mesa. Deslizamos platos y panes al son de una música amigable que su hija tuvo el buen tino de echar a andar.

Las otras detenidas acercan a Milagro algún presente navideño enviado por familiares, en reconocimiento a quien no cesa de obtener mejoras colectivas desde su ingreso al Penal

Nos cuentan que ninguno de los comensales armó el arbolito en su casa. Nosotros tampoco, en realidad. Milagro masculla con amargura cuando comparte el relato de sus nietos más chicos, para quienes estos días resultan una condena mayor a la que porta ella. “Es tan injusto – dice -, siempre estamos juntos para las fiestas (…)  yo no soy una abuela que cuente cuentos o les teja, yo juego con ellos a la pelota, ando con ellos, juego, corro, me río mucho con ellos”. Prueba de sus andanzas, muestra una rodilla hinchada que la tiene rengueando desde hace unos cuantos días.

Llega su compañero cargando unas flores, y tras besos y confidencias, empiezan las bromas. La tarde transcurre entre ravioles, brindis, miradas cómplices, juegos de naipes, silencios necesarios, anécdotas, lágrimas -casi imperceptibles- y debates acalorados.

No falta el saludo de las otras detenidas, que acercan a Milagro algún presente navideño enviado por familiares, en reconocimiento a quien no cesa de obtener mejoras colectivas desde su ingreso al Penal: conseguir espacios de recepción de visitas al aire libre, ampliar la cantidad de llamados telefónicos, mejorar las relaciones entre las internas, revisar el trato del personal del penal, ampliar la disponibilidad de televisores, son algunas de las razones para el amor entrañable que cosecha a su paso la principal destinataria de nuestra visita… claro que también explica el por qué de sus desventuras.

A Milagro la privaron de su sostén psicológico en los días más duros del juicio. Bajo el argumento de constituir una influencia desfavorable, la profesional en quien ella había depositado confianza y construido un lazo, fue desplazada de su función. Abandono de persona que le dicen. Ni hablemos del derecho a la visita íntima de su compañero, cuestión que pese a sucesivas gestiones, nunca logró avanzar más allá del laberinto de obstáculos.

Conocida la sentencia que culpabiliza a Milagro, constatamos no sólo la plena vigencia de la criminalización de la protesta social, sino la persistencia de complicidades e influencias

La tarde del 24 se hace casi tan rica en relatos como lo es la organización en obras. Claro que es no alcanzarían las horas para llegar a tanto. Dialogamos con unas y otros en una ronda interminable de tereré, en la que hechos y circunstancias permiten entrever la madera de Milagro Sala. Ella se ríe, escucha con atención, toma distancia, a veces suma algún detalle, explica sus razones, vuelve a apasionarse reviviendo algunas de las peleas que trajo consigo cada conquista. También hablamos de las derrotas, por supuesto, hablamos de casi un año de hostigamientos y persecuciones, hablamos del juicio y la impunidad de quienes usurpan un espacio de representación que deshonran sin tapujos.

Salimos del penal pasadas las 19 horas, rumiando una pena sólo soportable con el repaso minucioso de los relatos recientes: la flaca resolviendo problemas, conectando gente con instituciones y recursos; explicando el contenido de algunas decisiones tomadas; accionando el cumplimiento de derechos en situaciones riesgosas de salud de embarazadas, pibes, accidentados y viejos; llevando a la práctica el acceso a la educación y lo que supone; dando forma a la inigualable alegría de la vivienda propia; manifestando su plena conciencia de las brechas por saldar, la comprensión del quiebre o tibieza de alguno de sus tupaqueros, el anhelo de que efectivamente les brinden las mejoras que los dejaron cautivos de maniobras y presiones.

Aquello que hoy se instala como deliberada camada de imposibles, se (de)construye y nos pertenece, por prepotencia de trabajo

Nos despedimos con varias tareas comprometidas, más allá de la coyuntura y los deseos compartidos de que pronto fuera posible un digno acto de justicia. Ayer, conocida la sentencia que culpabiliza a Milagro, constatamos no sólo la plena vigencia de la criminalización de la protesta social, sino la persistencia de complicidades e influencias. Confirmamos que nos falta mucho todavía. Quizá demasiado para los crudos costos cotidianos que conlleva este ‘mientras tanto’.

Sin embargo, tenemos claro que somos unos cuantos, que no estamos quietos, que seguimos organizándonos, que tenemos más elementos para saber de qué se trata, y que hemos comprobado – como pueblo –  que aquello que hoy se instala como deliberada camada de imposibles, se (de)construye y nos pertenece, por prepotencia de trabajo.

Fotógrafo / ilustrador: La Voz del Interior

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    Mónica Ruiz 23 febrero, 2017

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