Diálogos| jueves, 14 de diciembre de 2017

Juan Carlos Volnovich: “Del silencio al grito y del grito a la palabra”

Es Médico y psicoanalista. Autor de diversos libros. Multipremiado, entre sus distinciones se destacan: el Konex 2016 y la estatuilla “Margarita de Ponce” entregada por la Unión de Mujeres de Argentina por sus aportes a la teoría de género. En diálogo con Entredichos, comparte algunas reflexiones sobre las masculinidades situadas en este presente de avances feministas pero también de restauración conservadora.


por Germán Rómoli

En un apacible barrio porteño con tintes platenses, la vorágine semanal cede ante el pleno sol. Un timbre y un apretón de manos nos presentan. Juan Carlos Volnovich abre las puertas de su hogar para dialogar con Entredichos. La puesta a punto tecnológica se matiza charlando en una habitación contigua, vigilados por una solemne biblioteca. Todo listo se anuncia y los nervios al estómago y el sentarse al escritorio, vigilados ahora por las cámaras. Hay un diván y un ventanal que nos muestra un patio, muchas plantas, el sol y una paloma que se paseará durante toda la entrevista. Es la primera vez que tengo el placer de peguntarle a Juan Carlos sobre esos temas que interpelan actualmente, en lo personal y en términos institucionales. ¿Hay avances de los colectivos feministas? –así en plural para romper la representación homogénea- ¿hay nuevas relaciones y articulaciones a partir de estos avances? ¿El colectivo masculino –así en singular pues usufructúan por igual unos privilegios- se da por aludido?

Volnovich sostiene que en estas últimas décadas el movimiento mundial de mujeres ha conquistado algunos cambios auspiciosos dentro del patriarcado. Conquistas tanto en la dimensión legal como en los usos y costumbres que permanecían ocultos y naturalizados. “Enormes avances que hasta determinado punto han sido acompañados por ciertas modificaciones del imaginario social”. Imposible no remitirse a la inédita ampliación legislativa en el campo de los géneros como a la visibilización del acoso callejero o del acoso en los medios de comunicación, entre otros. Luego advierte que el patriarcado tiene sobrados recursos para que esos cambios queden neutralizados: “Una modificación al estilo gatopardista, que algo cambie para que todo siga igual”. El entrevistado supera el estatismo y repone la idea de proceso, con sus avances y retrocesos.

El entrevistado define el contexto actual como una “restauración conservadora”, en el mundo y sobretodo en América Latina. Explica que estamos viviendo una transición desde un neoliberalismo que incluía proyectos progresistas a otro neoliberalismo duro por excelencia. Es posible evidenciar en este momento histórico la reconversión de aquellos valores tradicionales patriarcales -la misoginia, el sexismo, el racismo y el negacionismo- que fueron pensados como superados pero tienen vigencia y operan reforzando el patriarcado.

“Son luces y sombras” afirma categórico y las masculinidades de hoy no están ajenas. Las nuevas generaciones parecen aceptar las diversidades de géneros, sin embargo vuelve a advertir, el aumento de feminicidios o la crueldad contra personas de orientación homosexual tiene plena vigencia o aumento. Refiere que los varones están todavía “muy prisioneros de algunos imperativos tradicionales” -tomar la iniciativa, ser los audaces, los temerarios- y se encuentran “sorprendidos y hasta por momentos asustados frente a estas mujeres que pueden expresar su deseo de manera más franca”. Desde su experiencia en la clínica distingue, muchas veces, la aparición de dos reacciones por parte de los varones. La denigración de estas mujeres que transgredieron lo naturalizado –traducida en crueldad y feminicidios- o huirles. Una huida que, según Volnovich, se puede observar por ejemplo en el aumento del consumo de prostitución, incluso en varones jóvenes que están en pareja y son sexualmente activos.

Cerrando el encuentro, el diálogo alcanza su clímax cuando Juan Carlos reflexiona sobre las posibles estrategias institucionales para abordar situaciones de violencia de género. Habla de tres momentos: romper el silencio, pasar del silencio al grito y elaborar el grito en la palabra. Romper el silencio comienza con una denuncia –no solo o únicamente judicial-, que implica el trabajo de no hacerse cómplice o encubrir. Luego “aceptar que haya un inevitable periodo de gritos” que se tornan en gritos de alarma y demuestran que ese fenómeno estaba naturalizado. Por último, es necesario que los gritos se transformen en palabras, algún tipo de captura simbólica de la situación. Volnovich señala que el proceso de grito en palabra es medular para la transformación. Si falla la escucha de los gritos, hay re-victimización y otra restauración conservadora.

Agradeciendo la excelente predisposición, otro ameno apretón de manos sella la despedida para emprender la vuelta porteña. No volvemos solos. Nos acompaña esta vez la conciencia de estar, en tanto sujetos generizados, en el momento de unos gritos de alarma. También, la desafiante certeza de continuar exigiendo al colectivo masculino –otra vez en singular- que haga su trabajo feminista no reproduciendo silencios cómplices ni privilegios expropiados. Deseando en la búsqueda que haya más luces que sombras.

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