Opiniones| Lunes, 21 de agosto de 2017

El proceso electoral: esto recién empieza

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) realizadas el 13 de agosto pasado dejaron más dudas que seguridades respecto del mapa político en Argentina. En esta nota de opinión para Entredichos, trazamos un panorama provisorio, donde Cambiemos todavía tiene el desafío de consagrarse como una fuerza política nacional y el peronismo de replantear su política de alianzas y definir los dirigentes que puedan llevarla adelante.


por Sergio De Piero

Una palabra atraviesa las múltiples reflexiones acerca de las PASO que se realizaron el 13 de agosto pasado: incertidumbre. No puede afirmarse que existe un ganador indiscutible, aunque Cambiemos ha realizado una buena elección. Es difícil sostener que el kirchnerismo sigue intacto, pero ha tenido buenos resultados en varias provincias. Resulta complejo afirmar que el mapa electoral es el mismo de 2015, sin embargo sería temerario asegurar que ha tenido un cambio radical. Ni siquiera sabemos, a una semana de las elecciones, quién obtuvo más votos en la Provincia de Buenos Aires. Tenemos más dudas que seguridades respecto del mapa político en Argentina. En estos días de análisis sobre los resultados electorales, fluyen aquellos que arriesgan escenarios futuros. Entre ellos, cabe distinguir los elementos meramente coyunturales, de aquellos que nos presenten las líneas del perfil que adopte el sistema político y el de partidos en la Argentina por venir.

Una palabra atraviesa las múltiples reflexiones acerca de las PASO: incertidumbre. No puede afirmarse que existe un ganador indiscutible, aunque Cambiemos ha realizado una buena elección. Es difícil sostener que el kirchnerismo sigue intacto, pero ha tenido buenos resultados en varias provincias

El primer punto es delimitar un diagnóstico provisorio, en tanto el cuadro general quedará definido cuando se realicen las elecciones de octubre. En esa línea, no cabe dudas que Cambiemos ha realizado una buena elección. ¿En cuál sentido? En primer lugar al obtener la mayor cantidad de votos en cuatro provincias por primera vez: La Pampa, Neuquén, Santa Cruz y San Luis (aunque en algunas lo había hecho en balotaje). A ellas sumamos CABA, Córdoba, Jujuy, Corrientes, Entre Ríos, Mendoza. Cambiemos celebró además una victoria en la Provincia de Buenos Aires aún rodeada de incertidumbre. Esto es, el oficialismo ganó aquello que aún no tenía al llegar al gobierno: territorialidad. Y esta presencia no se la debe al radicalismo, el socio menor de la alianza, sino que se percibe un crecimiento del PRO, dado que salvo en Mendoza y Jujuy, o bien las PASO no eran competitivas, o bien los candidatos del PRO vencieron a los radicales. Este crecimiento territorial, que no necesariamente se expresa en votos (en esta nota puede leerse una comparación con 2015) se torna más relevante cuando analizamos la gestión del gobierno de Mauricio Macri, signada por la ausencia de buenas noticas para los trabajadores, la producción y en particular para los sectores más vulnerables. Sin mejoras económicas, Cambiemos logró sostener e incluso acrecentar el voto en algunas provincias. Esta cuestión nos lleva directamente a la situación de la oposición a nivel nacional, que es oficialismo en varias provincias. El mapa es multicolor y se explica por la situación de cada uno de los distritos, cuyas dinámicas políticas tienen su relativa autonomía respecto de lo nacional. Hace años que los partidos políticos en la Argentina se explican mucho mejor en términos provinciales que en una lógica nacional. Aquí una de las mayores sorpresas ha sido la derrota del peronismo cordobés, que encabezan José Manuel de la Sota y el gobernador Juan Schiaretti. En Tierra del Fuego y en Río Negro también los oficialismos reunieron menos votos que, en estos casos, un peronismo cercano al kirchnerismo. Sumados a otros oficialismos provinciales que relegaron el primer puesto a Cambiemos, vemos que el mapa de las provincias también puede sufrir algún tipo de modificación en el futuro cercano, esto es, las elecciones para gobernador de 2019.

El crecimiento territorial de Cambiemos se torna más relevante cuando analizamos la gestión del gobierno de Mauricio Macri. Sin mejoras económicas, logró sostener e incluso acrecentar el voto en algunas provincias

Una mención especial merece la situación de la provincia de Buenos Aires. Cambiemos llevó el desarrollo del escrutinio por el terreno que mejor conoce: el manejo de la imagen. Cuando el presidente Mauricio Macri habló por los medios, Cambiemos pareció victorioso en esta provincia, pero también en Santa Fe y por momento en Chaco. El entusiasmo desbordaba el “bunker” oficialista y María Eugenia Vidal también se expresaba como la conductora de una victoria, aunque cuidándose muy bien de no pronunciar la palabra: alcanzaba con lo que transmitían las imágenes. Recién hacia la 4 am del lunes sabríamos que era posible que Cambiemos no obtuviera más votos que Unidad Ciudadana. Pero el efecto ya estaba logrado: el macrismo se había asegurado la tapa de los diarios y le había privado el festejo al kirchnerismo. Sin duda una estrategia planificada con un alto efecto de impacto, cuyo alcance en el electorado aun no conocemos.

El peronismo está procesando la derrota de 2015. En ese camino, comienzan a perfilarse nuevos actores, gobernadores en particular, pero persiste la construcción de un kirchnerismo que logra agrupar sectores en distintas provincias

Estas provisorias pinceladas nos dejan algunos indicios, lejos de una lectura definitiva. Algunos de ellos, son que el macrismo es el eje indiscutido del oficialismo, salvo por la victoria de Elisa Carrió en CABA. Octubre puede ser la posible consolidación de un crecimiento territorial que incluya a varias provincias, pero no un salto cuantitativo definitivo que posicione a Cambiemos como una fuerza política nacional consagrada. El escrutinio de la provincia de Buenos Aires, también nos señala algunas estrategias electoral/mediáticas, que el oficialismo está dispuesto a llevar adelante, algo que la oposición ya no puede descuidar. El peronismo sin dudas está aún procesando la derrota de 2015. En ese camino, comienzan a perfilarse nuevos actores, gobernadores en particular, pero persiste la construcción de un kirchnerismo que logra agrupar sectores en distintas provincias, mientras que las opciones de Sergio Massa o Juan Manuel Urtubey, no logran despegar. Por ello para que el peronismo logre reconstruir una alternativa de poder nacional, deberá replantear la política de alianzas que se dará al interior del espacio, y en particular quienes serán los dirigentes que la puedan llevar adelante. Veremos si octubre nos revela algo de todo esto.

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