Opiniones| viernes, 16 de diciembre de 2016

El trabajo rural en el periurbano platense y los desafíos del ejercicio profesional

El enfoque para abordar la problemática del trabajo rural debe contemplar la complejidad intrínseca propia de la labor, los sistemas económicos y los contextos sociohistóricos donde se desarrolla. El escenario actual, presenta nuevos desafíos para los trabajadores y las organizaciones de base. Ante este contexto, es ineludible el posicionamiento desde el ejercicio profesional.


por Pablo Diotto

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“Somos soldados derrotados de una causa invencible” Pedro Casaldáliga

El enfoque para pensar y abordar la problemática del trabajo rural, debe necesariamente contemplar la complejidad intrínseca propia de la labor, los sistemas económicos y los contextos sociohistóricos donde se desarrolla.

Los trabajadores rurales, ligados a la producción agraria, han ido modificando su condición: ya no los define solamente el entorno campestre, sino que se insertan en espacios cada vez más urbanizados, que se han dado en llamar los periurbanos, que rodean a las grandes ciudades. Allí se asientan comunidades migrantes del interior del país dedicadas al trabajo en granjas avícolas, comunidades de países limítrofes dedicados en su mayoría a la horticultura y floricultura, y otros migrantes temporarios en ciclos repetidos estacionalmente.

Otro factor a destacar es la tecnificación del sector en los últimos años y la incorporación de paquetes tecnológicos, lo que necesita de mano de obra (en algunas producciones) cada vez más especializada. Por citar un ejemplo, en la producción hortícola se fue incorporando la utilización de invernáculos. A medida que aumenta el nivel tecnológico cae la proporción de trabajadores permanentes, aumenta el desempleo estacional y los trabajos transitorios.

El cambio de gobierno tiró por la borda los avances alcanzados en políticas estatales destinadas al sector

En particular en el sector agropecuario, la concentración de capitales, la transnacionalización de las economías y los avances tecnológicos en la producción de alimentos y sus materias primas, han sido asimétricos respecto de las condiciones de trabajo de este sector.

Si bien la ley 26.727 denominada Régimen de Trabajo Agrario que regula la actividad, sancionada en 2011, fija condiciones de trabajo dignas para estos trabajadores, pareciera que va quedando como una pieza de acabada concepción en lo legislativo, pero de nulidad en su implementación.

El cambio de gobierno a fines del 2015, tiró por la borda los avances alcanzados en políticas estatales destinadas al sector, como fue la recuperación del trabajo de fiscalización por parte del Estado a través de la creación del RENATEA, que fomentó el registro de trabajadores, la disminución del trabajo infantil y la denuncia y penalización de la trata y explotación de personas. En la actualidad, dicho registro retornó a manos de la UATRE y las patronales agrarias, respondiendo claramente a lineamientos de poderes financieros y políticas neoliberales, desprotegiendo a los trabajadores agrarios y sus familias.

No es exagerado decir que en el marco de la concentración de capitales en la industria alimenticia y la producción de alimentos, los trabajadores rurales están librados a la suerte de la “voluntad  patronal” para ejercer sus derechos, que marcha en línea con esta retirada general y sistemática del Estado en materia de contralor. Situarse en estos escenarios generales, implica pensar objetivos de largo alcance, sobre una operatividad cotidiana.

El desafío que se nos plantes es fortalecer al mundo del trabajo agrario y sus protagonistas

El escenario actual presenta nuevos desafíos para los trabajadores en su conjunto y en particular para el sector agrario y las organizaciones de base, que procuran mejorar las condiciones de vida y de trabajo de aquellos que se desempeñan en la actividad.

Los procesos tendientes a fortalecer formas organizativas de los trabajadores, en cuanto acciones que integren a este sector a las reivindicaciones del mundo del trabajo y de otros sectores organizados, necesitan del soporte, acción y acompañamiento de los que consideramos el ejercicio profesional desde un lugar que nos sitúa y posiciona como actores políticos, en el día a día en el territorio. Es un posicionamiento ineludible y categórico desde nuestra práctica: saber para qué y quiénes se acumula.

Es indudable que sin políticas públicas a favor de los trabajadores, los espacios de acción se verán reducidos y los contextos y alcance de nuestra tarea serán más focalizados.

El desafío que se nos plantea es el de articular estas partes en un todo y fortalecer, junto al resto de las reivindicaciones de los derechos sociales, al mundo del trabajo agrario y sus protagonistas.

Fotógrafo / ilustrador: www.diariocontexto.com.ar

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